Se Llamaba Nokhupila Kumalo

Nokhupila Kumalo

El cartel sostenido por un activista con máscara blanca, afuera de los edificios de la Galería Nacional de Arte Sudafricano Iziko dice:

Mi nombre es Nokuphila Kumalo. Yo tenía 23 años y era trabajadora sexual. Me encontraron golpeada hasta la muerte en distrito de Woodstock. Mi asesino es el muy reconocido artista Zwelethu Mthethwa

Mthethwa, pintor y fotógrafo reconocido internacionalmente, luego de un largo proceso fue declarado este 17 de marzo culpable del asesinato de la joven Kumalo.

El feminicidio de Nokuphila fue producto de la masculinidad tóxica y de la autoridad onmipotente que esta narrativa y construcción biopolítica otorga a algunos sobre los cuerpos y las vidas de las mujeres. El resultado de la normalización de la sinrazón.

El pasado 11 de febrero, Eva Kumalo colocó rosas rosadas y blancas en el pavimento de Ravenscraig Road en Ciudad del Cabo, justo debajo de la cámara de seguridad donde su hija, Nokuphila Kumalo, fue golpeada hasta morir hace tres años.

Era el cumpleaños de Nokuphila y ella habría cumplido 26 años.

Gulam Petersen, que trabajó en las calles de Woodstock con Nokuphila, dijo a la corte que reconoció a Mthethwa.

Ella dijo que Nokuphila vivía en Woodstock en una choza con otras dos chicas.

“Para mí, siempre fue una persona amistosa. Hablabamos de cosas íntimas, clientes y así sucesivamente. Nos reímos mucho para mantener la noche en marcha “, dijo Petersen.

Nokuphila asistió a la Escuela Primaria Intshinga en Gugulethu – un distrito de los suburbios pobres de Ciudad del Cabo-  mientras su madre trabajaba como asadora en un comedor para pagar los honorarios.

Pero Nokuphila nunca terminó sus estudios.

Después de mudarse a Woodstock, visitó frecuentemente a Eva en Gugulethu con paquetes de comestibles y dinero. Nunca le dijo a su madre cómo pagaba los paquetes, ni dónde había conseguido el dinero.

Irónicamente, las fotos del cuerpo roto y sin vida de Nokuphila mostrado en la corte son el único registro de su vida.

Mthethwa, que ha expuesto en el Museo de Arte Moderno de Nueva York y el Centro Pompidou en París, se declaró muchas veces no culpable. Vive en Vredehoek, una zona muy elegante y exclusiva en el centro de la ciudad en las laderas de Table Mountain. Durante el juicio, no se encontraron síntomas de enfermedad mental o locura temporal en Zwelethu. Ni siquiera arrepentimiento.

¿Qué le hizo salir de su muy lujoso coche esa noche y golpear a esta joven hasta la muerte? El odio profundo hacia las mujeres.

SWEAT, organización de Derechos Humanos que trabaja por la decriminalización del comercio sexual y se hizo parte en el juicio por el asesinato de Nokuphila, ha lanzado la campaña #SayHerName por la memoria de las mujeres cuyas vidas han sido tomadas por la violencia.

Mientras en la calle, algunos preguntan: ¿Por qué murio Nokuphila?

Por ser mujer.

Así de fácil y terrible.

El asesinato de Nokuphila fue un femicidio.

Era una mujer con toda la vulnerabilidad al aire, con la marginalidad disponible, cargando su opresión interseccional en las idas y vueltas por las esquinas de las calles de Woodstock, el distrito famoso por su vida bohemia, sus murales y su intelectualidad hipster.

“Era un puta” dicen en los medios. Como tantas que aparecen muertas en esta ciudad. “Una puta”. Sólo eso.

Nokhupila fue más que eso. Necesitamos feminismo para que se sepa, acepte y respete la verdad que los femicidios no nos quieren dejar ver: Las mujeres somos personas.

8 de Marzo : El Capitalismo Mata Mujeres

PRODUCT OF MEXICO | Day 4 | Alejandrina – child labor

¿Quien siembra y cosecha que compras en el supermercado? ¿Quién hace posible que hoy estés en tu oficina, desarrollando tu trabajo, segura de que alguien completará las labores del hogar ?¿Quién cuida, protege y de manera invisible, sostiene el sistema económico funcionando?

Probablemente una mujer.

De acuerdo a Phumzile Mlambo- Ngcuka, Directora Ejecutiva de Onu Mujeres:

Demasiadas mujeres y niñas de todo el mundo dedican un número excesivo de horas a las responsabilidades del hogar. Habitualmente, destinan a estas tareas más del doble de tiempo que los hombres y los niños. Son ellas quienes cuidan a sus hermanas y hermanos más jóvenes, a sus familiares ancianos, a las enfermas y los enfermos de la familia, y realizan las labores del hogar.

La división desigual del trabajo por género tiene lugar a expensas de nuestros derechos humanos y oportunidades de aprendizaje y de nuestras posibilidades de obtener un trabajo remunerado, hacer deporte o desempeñarnos en la vida cívica como líderes cívicas o activistas.

Las mujeres trabajadoras, sea el trabajo pagado o no, visible o invisible, basado en una competencia especializada o no, tenemos que sortear enormes desventajas, que no sólo tienen que ver con el género sino con la raza, la identidad sexual, la clase, la discapacidad y la edad avanzada. Cualquier propuesta para la justicia social para las mujeres tiene que incorporar un enfoque interseccional, asumiendo que la desigualdad es una forma de violencia estructural que pone a las mujeres en una situación de múltiple vulnerabilidad que en muchos casos nos lleva a la precariedad, marginalización o la muerte.

A menudo fallamos en reconocer los contextos de opresión e injusticia en el que se encuentran algunas mujeres y que permiten a otras tener ventajas y comodidades.

Este 8 de marzo, cuando nos premien con un descuento en la Multitienda o recibamos el chocolate de cortesía en el supermercado, tomemos dos segundos para preguntarle a la mujer trabajadora por sus condiciones laborales, su familia, sus aspiraciones;

Este día es para recordar a las compañeras que dieron su vida por la justicia social de género, las que han muerto en manos del machismo y las que aún no saben que tienen derechos porque la lucha por la sobrevivencia diaria no les da tiempo de pensar en nada más.

Debe ser un día de protesta. Porque una de cada tres es deshumanizada cada segundo en algún tipo de abuso por el hecho de ser mujer. Porque aún quedan derechos por conquistar y todavia tenemos que estar explicando que somos personas.

Nuestras reivindicaciones no son un bien de consumo. Toda la publicidad del mundo no alcanza para aliviar el dolor que las brechas de desigualdad provocan en nuestras vidas.

Honremos la memoria. El capitalismo mata mujeres: Lentamente en la explotación en las maquilas, envenenadas en los campos de Monsanto, por encargo de las mineras que ensucian nuestras aguas, en el mar escapando de la guerra, a través de las redes de trata, en la “paz del hogar” de las víctimas de Feminicidios…  el sueño de progreso es para nosotras una pesadilla, porque nos cuesta la vida de muchas compañeras.

Por un día, protestemos. Paremos. Por un dia, hagamos saber que la democracia neoliberal, el patriarcado y la economía de mercado no pueden mercantilizar nuestras vidas. No somos objetos de intercambio ni una estrategia para multiplicar ganancias.

Hoy paramos. Denunciamos la depredación de nuestra vidas, reclamamos el derecho a estar vivas. Nuestra indignación no va a desaparecer detrás de un globo en forma de corazón y una rosa de plástico.

#NosotrasParamos